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Los Olores en Monterrey: qué Sabemos y qué Significa Ese Azufre

El domingo 24 de agosto los reportes de olor a gas y azufre se dispararon en cinco municipios. La autoridad estatal lo relacionó con refinación de hidrocarburos en fuentes de competencia federal. Qué es ese olor, por qué lo hueles muchísimo antes del nivel que daña, y qué sí puedes hacer en tu casa.

Por Mariana Amione · 2026-08-27 · 7 min de lectura

Si vives en el área metropolitana de Monterrey, ya sabes de qué te hablo. Ese olor.

El domingo 24 de agosto los reportes se dispararon en Juárez, Guadalupe, García, Santa Catarina y Monterrey. La descripción que más se repitió no fue técnica: huele a gas, y muchísima gente escribió que olía a orines de gato. Varios aclararon lo mismo — sí tienen gato, pero el olor no venía de su casa.

No es la primera vez. Y esta vez tampoco hay, por ahora, una medición pública que te diga cuánto había en el aire.

Te cuento lo que sí se sabe, qué es ese olor químicamente, y —esto es lo importante— por qué oler algo no es lo mismo que estar en peligro, ni tampoco significa que sea normal.

Qué dijo la autoridad

La Secretaría de Medio Ambiente de Nuevo León señaló que el origen de los olores estaría relacionado con procesos derivados de refinación de hidrocarburos en fuentes de competencia federal.

Vale la pena traducir esa frase, porque cada pedazo dice algo:

Esa distinción no es un tecnicismo: explica por qué el asunto se atora. Y en paralelo, en el Congreso del estado se entregó un oficio pidiendo formalmente el informe técnico con las causas y el origen exacto. A la fecha de este texto, ese informe no es público.

Qué es ese olor

El sospechoso de siempre en refinación se llama ácido sulfhídrico (H₂S). Es el que huele a huevo podrido, a drenaje, a azufre — y sí, mucha gente lo describe como orines de gato.

El petróleo trae azufre. En la refinación, ese azufre se separa en unas plantas llamadas desulfuradoras. Cuando esas plantas no operan bien, el gas se manda a los quemadores, y ahí es cuando el olor se escapa hacia afuera.

Un detalle que cambia todo: la meteorología manda. Cuando hay inversión térmica —una capa de aire caliente que actúa como tapa— la pluma no sube, se queda pegada al suelo y viaja lejos. Por eso el mismo evento puede oler en Cadereyta y también en San Pedro, y por eso hay noches en que huele muchísimo y mañanas en que no huele nada. No es que la fuente prenda y apague: es que el aire deja de mover.

La parte que casi nadie te explica: oler ≠ daño

Aquí es donde quiero que te quedes, porque es lo que baja la angustia sin mentirte.

El ácido sulfhídrico se huele ridículamente abajo. Según el documento de niveles guía de exposición aguda del National Research Council de Estados Unidos, el umbral de olor va de 0.008 a 0.13 partes por millón.

¿Y en dónde empieza a irritar los ojos y las vías respiratorias? Entre 10 y 20 ppm.

Léelo otra vez: hueles el gas cerca de cien veces antes de llegar al nivel donde empieza la irritación. Tu nariz es un detector absurdamente sensible. Que huela feo —incluso muy feo— no prueba que estés en un nivel dañino.

Eso no significa "no pasa nada":

La única señal que sí es de alarma

Del mismo documento del NRC sale el dato que más importa saber, y es contraintuitivo:

Alrededor de las 100 ppm ocurre la fatiga olfativa, y a 150 ppm hay parálisis del nervio olfatorio. En cristiano: a concentraciones peligrosas, el ácido sulfhídrico deja de olerse.

Así que la regla práctica es al revés de lo que uno pensaría. Si huele fuerte y de repente el olor desaparece sin que haya cambiado el viento, o si alguien empieza con mareo, confusión o le cuesta respirar — eso no se aguanta ni se ventila. Se sale de ahí y se pide ayuda. Ese escenario es de fuga cercana, no del olor que llega difuso a la ciudad, pero vale más que lo sepas y nunca lo uses.

Qué sí puedes hacer en tu casa

Sin comprarte nada, en orden de lo que más sirve:

Lo que falta

Falta el número. Mientras no haya mediciones públicas de estos episodios —dónde, cuándo y cuánto— cada quien está adivinando con la nariz, y la nariz es sensibilísima para detectar pero malísima para cuantificar.

Eso es exactamente lo que pide el informe técnico que se solicitó. Ojalá salga, y ojalá salga con datos por hora y por estación, no con un comunicado.

A ver, balance: no te voy a decir que te encierres ni que no pasa nada. Lo que pasa es que huele mal, la molestia es real, el umbral de daño está bastante más arriba de donde tu nariz avisa, y falta información que no depende de ti. Con eso ya puedes decidir mejor que ayer.

Información general, no consejo médico.

Fuentes: UnoTV — reportes del 24 de agosto de 2026 · National Research Council (US) — Acute Exposure Guideline Levels for Selected Airborne Chemicals, Vol. 9, National Academies Press, 2010 · Congreso de Nuevo León — solicitud de informe técnico sobre el origen de los olores

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el olor a azufre que se percibe en Monterrey?

El compuesto que se señala en estos episodios es el ácido sulfhídrico (H2S), que huele a huevo podrido, a drenaje o —como lo describió mucha gente el 24 de agosto— a orines de gato. El petróleo contiene azufre y en la refinación se separa en plantas desulfuradoras; cuando esas plantas no operan correctamente, el gas se manda a los quemadores y el olor se escapa. Cuando además hay inversión térmica, la pluma no sube y viaja pegada al suelo, por eso puede olerse en municipios lejanos a la fuente.

Si huele muy feo, ¿significa que es peligroso para mi salud?

No necesariamente, y esta es la parte que más tranquiliza sin mentir. Según el documento de niveles guía de exposición aguda del National Research Council de Estados Unidos, el umbral de olor del ácido sulfhídrico va de 0.008 a 0.13 partes por millón, mientras que la irritación de ojos y vías respiratorias empieza entre 10 y 20 ppm. Es decir, lo hueles cerca de cien veces antes de llegar al nivel donde empieza a irritar. Eso no quita que la molestia sea real: dolor de cabeza, náusea u ojos irritados sí ocurren, y tampoco significa que convivir con esto de forma repetida sea normal.

¿Cuándo sí debo preocuparme de verdad?

El dato clave es contraintuitivo: a concentraciones altas el ácido sulfhídrico DEJA de olerse. El mismo documento del National Research Council ubica la fatiga olfativa alrededor de las 100 ppm y la parálisis del nervio olfatorio en 150 ppm. Por eso, si el olor es muy fuerte y de golpe desaparece sin que haya cambiado el viento, o si alguien presenta mareo, confusión o dificultad para respirar, no se ventila ni se aguanta: hay que salir del lugar y pedir ayuda. Ese escenario corresponde a una fuga cercana, no al olor difuso que llega a la ciudad.

¿Sirve un purificador de aire o un detector casero?

Un purificador con filtro HEPA no sirve para esto: el HEPA atrapa partículas, no gases. Lo que retiene gases es el carbón activado, y aun así ayuda de forma limitada y se satura con el uso. Y un detector doméstico de H2S tampoco da tranquilidad útil, porque los de consumo suelen alarmar en el rango de decenas de ppm, muy por encima de lo que se está oliendo: te va a marcar cero mientras la casa huele horrible. Lo que más sirve es cerrar ventanas mientras huele, ventilar cuando pasa, y reportar con hora, colonia e intensidad.

¿Por qué no hay una respuesta clara sobre el origen?

La Secretaría de Medio Ambiente estatal relacionó los olores con procesos derivados de refinación de hidrocarburos en fuentes de competencia federal. Esa última frase es la clave: una instalación de ese tipo no la regula el estado sino la federación, así que la autoridad estatal puede medir, documentar y señalar, pero no inspecciona ni sanciona dentro de ella. En el Congreso del estado se entregó un oficio pidiendo el informe técnico con las causas y el origen exacto; al momento de publicar este texto ese informe no es público, y tampoco hay mediciones publicadas de estos episodios.